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Notas de prensa

Antony Beevor (The Royal Society of Literature): "Los intentos de suprimir el nacionalismo lo hacen mucho más virulento".

Publicado el 17/10/2018

Antony BeevorAl escritor e historiador Antony Beevor (Londres, 1946) aún le cuesta entender qué arrastró al mundo a la II Guerra Mundial, considerada la mayor contienda sufrida por la humanidad: "Es muy difícil apreciar las enormes fuerzas históricas que mataron a entre 60 y 70 millones de personas". El autor, entre otros libros, de 'Stalingrado', del que ha vendido ocho millones de ejemplares, ha ofrecido en la Fundación Ramón Areces una conferencia sobre 'La II Guerra Mundial y sus consecuencias'. Esta actividad se enmarca en los actos de celebración del 50 aniversario de la Universidad Autónoma de Madrid. Beevor, miembro de la Royal Society of Literature y de la Royal Historical Society, no cree que el proceso de unificación europea haya salvado al continente de otra guerra. "Este argumento es históricamente falso. La verdad real, por supuesto, es que las democracias no luchan entre sí. La paz es una cuestión de gobierno, no de unificación. Es precisamente el socavamiento de la democracia lo que crea las condiciones para el conflicto. Y la historia ha demostrado una y otra vez que los intentos de suprimir el nacionalismo lo hacen mucho más virulento".

Beevor se ha mostrado convencido de que "la Historia nunca se repite". "Quizás la lección más importante que podemos extraer de la Segunda Guerra Mundial es moral. Incluso en medio de las condiciones más horribles, en todos lados, hubo quienes nunca abandonaron su creencia fundamental en la humanidad. Su ejemplo es algo que vale la pena defender mientras luchamos por resolver los desafíos profundamente perturbadores y los posibles conflictos del mundo actual". Entre ellos, no ha olvidado mencionar los movimientos migratorios y los debates que esto plantea a la actual Europa. "Creo que las futuras olas de migración hacia Europa desde un África devastada por el calentamiento global presentarán opciones morales intolerables para los líderes europeos en un futuro relativamente cercano: quizás incluso más difíciles que en la Segunda Guerra Mundial. ¿A quién mantienen fuera? ¿A quién dejan entrar? ¿Cuántos refugiados puedes dejar entrar antes de que la democracia sea destruida por los nacionalistas de extrema derecha y los neofascistas apoyados por una masa asustada?"

Sobre la II Guerra Mundial, el tema de su intervención, se ha referido a ella como "casi seguramente la tragedia humana más grande jamás conocida". Y ha recordado cómo se extendió "desde el Atlántico Norte hasta el Pacífico Sur, desde los campos nevados de Noruega y Finlandia hasta el desierto de Libia, desde los combates en la jungla en Birmania y en las islas y atolones del borde del Pacífico, hasta las masacres de las SS en las fronteras de Europa central". Tampoco ha olvidado mencionar las diferentes interpretaciones de la contienda según el país que tome la palabra incluso al acordar el inicio y el final: "Para los estadounidenses, la guerra comenzó en diciembre de 1941 cuando Hitler declaró la guerra a los Estados Unidos. Los rusos creen que comenzó solo en junio de 1941 cuando Hitler invadió la Unión Soviética. La mayoría de los europeos, por otro lado, consideran que comenzó en Polonia en septiembre de 1939. Pero para los chinos comenzó en 1937, con la guerra chino-japonesa. Y muchos en España aún están convencidos de que comenzó en 1936 con el ascenso nacionalista del general Franco para derrocar a la República española. Los historiadores a menudo extienden el conflicto aún más lejos, discutiendo sobre lo que se llama la 'guerra larga' del siglo XX. Algunos dicen que duró desde 1914 hasta 1945. Otros, como el profesor Norman Davies, extienden el período hasta el colapso de la Unión Soviética en 1990".

Antony Beevor ha salpicado sus reflexiones geopolíticas sobre la II Guerra Mundial con el drama humano indescriptible que le acompañaron. Ha recordado por ejemplo cómo en 1945 en Prusia Oriental, para huir de la "indiscriminada venganza del Ejército Rojo", familias enteras caminaban a través de la Laguna del Vístula helada -hoy entre Polonia y Rusia- esperando a que las placas se rompieran para morir congelados y ahogados. O los 100.000 hijos de la guerra, engendrados por soldados alemanes durante la Ocupación, una cifra que Beevor considera demasiado abultada. El escritor londinense ha recordado cómo "un día, un transportista alemán y su compañero vieron a hombres, mujeres y niños con sus manos atadas con cables conducidos a lo largo de la carretera por personas de las SS. Fueron a ver qué pasaba y encontraron que fuera de la aldea había una zanja de 150 metros a unos tres metros de profundidad. Cientos de judíos habían sido detenidos. Las víctimas eran obligadas a tumbarse en la trinchera en filas para que un soldado de las SS a cada lado pudiera caminar disparándoles con metralletas soviéticas. Luego, una nueva fila de gente tenía que bajar a la zanja y tumbarse sobre los recién fallecidos para ser acribillados. En ese momento, una niña, que debía tener unos 12 años, gritó con una voz aguda: '¡Déjame vivir, sigo siendo solo una niña!' La agarraron, la tiraron a la zanja y le dispararon. Sólo unos pocos lograron huir de aquellas fosas de la muerte".

En ese recorrido por los desastres de la II Guerra Mundial, Antony Beevor ha reconocido que de todo lo investigado por él hasta el momento lo que más le ha impresionado ha sido "la forma en que las autoridades militares japonesas no simplemente aprobaron, sino que alentaron activamente el canibalismo, especialmente hacia el final de la guerra". "No fueron casos aislados. Los testimonios indican que el canibalismo fue una estrategia militar sistemática y organizada". Beevor también ha tenido palabras para recordar las condiciones deplorables en las que lucharon los hombres: "Eran tan desesperadas que hoy casi no podemos imaginar cómo soportaron aquello. Incluso muchos de los que estaban allí miran hacia atrás con asombro".

También ha hablado Beevor de cómo interpretan la contienda aún hoy los líderes actuales. "En el caso del presidente Putin, es siempre el primero en afirmar que la Unión Soviética ganó la Segunda Guerra Mundial en Europa por sí sola". "Putin también ignora deliberadamente que Khrushchev e incluso Stalin reconocieron sin rodeos que si Estados Unidos no les hubiera ayudado, no habrían ganado la guerra. La Unión Soviética nunca podría haber derrotado a Hitler por su cuenta", ha insistido. Beevor ha comentado que "estamos en la era de las noticias falsas, como el presidente Trump nos sigue recordando". "Pero como vemos por el descarado desprecio de Putin por la verdad, las mentiras son las armas elegidas por los dictadores y aspirantes a autócratas".

"Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial reconfiguraron el mundo. También reunió a la Historia mundial por primera vez, en parte debido al alcance global del conflicto, pero también porque selló el destino del colonialismo y de los imperios británico, francés, belga y holandés. Las colonias portuguesas duraron más, hasta justo después de la Caída de la dictadura con la Revolución de los Claveles de abril de 1974. En el Lejano Oriente, la derrota de los japoneses y el avance del Ejército Rojo en el norte de China y Mongolia permitieron al Partido Comunista de Mao Zedong ganar la guerra civil y centralizar el país. Aunque imposible de imaginar en ese momento, esta centralización del poder comunista permitiría a China siete décadas más tarde convertirse en un gigante económico capitalista y luego en una superpotencia militar", ha asegurado Beevor.

También ha habido tiempo durante la conferencia de Antony Beevor para la especulación histórica y para intentar imaginar qué hubiera ocurrido si los acontecimientos hubieran sucedido de otra forma: "Si los nazis hubieran tenido éxito en derrotar a la Unión Soviética, su llamado Plan del Hambre para reducir la población en treinta y cinco millones a través de una hambruna deliberada hubiera eclipsado incluso los horrores del Holocausto". También ha teorizado sobre una hipotética Europa comunista: "En 1945, una Europa devastada por la guerra quedó en bancarrota y debilitada. Europa occidental también podría haberse vuelto comunista si no hubiera sido por la ayuda del Plan Marshall de los Estados Unidos, que en 1948 inició la recuperación económica".

En conclusión, "ningún otro período en la Historia ofrece una fuente tan rica para el estudio de la elección moral, la tragedia individual y masiva, la corrupción de las políticas de poder, la hipocresía ideológica, la egolatría de algunos comandantes, la traición, la perversidad, el sadismo increíble, pero también el sacrificio y la autosuficiencia", ha concluido el escritor británico.

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